La avispa y las hormigas

Navegando me encuentro con este relato que merece la pena leerlo:

Hoy es veintisiete de agosto, hace un calor sofocante, son las siete de la tarde y acabo de salir de la piscina; me siento a leer en el porche de mi chalé y de vez en cuando, dejo la lectura y observo el entorno, puesto que es una forma de descansar de este trabajo que es “leer y deducir lo que se lee y lo que quiere decir el escritor”: estoy leyendo un libro denso, que quiere ser profético y que escrito en 1980, algo o mucho de lo que el autor vaticinó, se va cumpliendo; el título de la obra es, “El advenimiento de una nueva edad media”; su autor Javier Alvarado (Editorial Nueva Acrópolis – Madrid 1980) y es un muy interesante ensayo sobre los ciclos históricos de la humanidad. En este descanso observo algo anormal… una especie de avispa, avispón, abeja o similar, que viene cuasi a ras del suelo, y en una especie de torbellino en el que el insecto intenta volar pero viene más bien andando; debe venir dañado, puesto que (deduzco) en su estado normal debería venir volando y no en ese “corre vuela” agitado en que lo hace. Me prevengo, puesto que aquí me han picado muchas avispas; y a estos animales no hay que perderlos de vista cuando están cerca de uno.

Se dirige hacia donde permanezco sentado, pero viene en dirección oblicua y debe pasar tras de mi; lo dejo de mirar y como siempre hago, pienso… “que vaya en paz”… si no me molesta yo tampoco a él. Pero pasa un tiempo y no lo veo aparecer por el otro lado de mi asiento; algo me dice que debo mirar y así lo hago, y al mirar hacia abajo veo que el animal se encuentra muy cerca de mis pies y a ellos se dirige, subiendo de inmediato a mi pie derecho. Como me encuentro descalzo, me apresto a la defensa puesto que ya se sabe lo que hacen estos insectos inmediatamente que algo les molesta; por ello decido terminar pronto; “pego un taconazo” y el animal cae al suelo, y de inmediato y cogiendo una de la chanclas que tengo al lado, lo aplasto; pero al hacerlo, ha caído en una grieta del embaldosado y si bien queda inerte, pero no aplastado. Me aseguro que no se mueve y vuelvo a la lectura.

Leído un par de páginas, vuelvo a mirar “el cadáver aplastado” y observo que a su alrededor ya pululan varias diminutas hormigas que lo exploran; puesto que para ellas ello representa una considerable cantidad de alimento para su hormiguero; sigo observando y veo llegar a varias docenas de otras hormigas, puesto que su sistema de comunicación ha actuado. Veo que en aparente “desorden”, andan alrededor del cadáver y lo van tanteando, se aprecian intentos de moverlo, pero ese cuerpo es posiblemente más de cien veces voluminoso y pesado que esas diminutas hormigas. En este ajetreo que sigo con sumo interés; vienen por separado, varias hormigas de mucho mayor tamaño; quieren entrar en la disputa del cadáver pero las diminutas y no se como, rechazan “al gigante” y lo hacen huir a gran velocidad (el hecho se repite cuatro veces). Por fin se han organizado las diminutas transportistas e inician el traslado de lo que será una gran provisión para su despensa y ello tras una planificación que intuyo puesto que no puedo saber lo que están haciendo y como se van coordinando… pero la verdad es que en un determinado momento; aquel cadáver de avispa y rodeado por una veintena de diminutas hormigas, se pone en marcha y de forma asombrosamente regulada y en un movimiento perfecto que más parece de arrastre que de transporte, aquel cuerpo de trabajadoras y en unos pocos minutos, llevan el alimento a la entrada de su hormiguero que lo aprecio entre dos ladrillos y a unos ciento cincuenta centímetros de distancia. Todo ello se ha realizado en breve espacio de tiempo (minutos) y sin pérdida de un segundo ni de un baldío esfuerzo… así lo deduzco, puesto que precisarlo no puedo.

¿Por qué todo este relato que puede parecer absurdo? Filosóficamente creo que no, puesto que de inmediato, mi mente se traslada “del suelo de las diminutas hormigas a los misterios del Universo y su Creación”; a esas fuerzas que desconozco y que siempre vigilantes han realizado una operación de aprovechamiento de recursos, que algo o mucho nos enseña; puesto que La Creación no desaprovecha nada y para ello emplea la mejor organización que conocemos, para el sumo ahorro de recursos y energía… en fin, es otra maravilla que como tantas otras “he leído esta tarde en el Libro de la Vida”, por lo que doy gracias a Dios y a todos “los dioses menores” y termino pensando en voz alta… ¡¡Qué hermoso es vivir, ver, estudiar, saber!!… aunque luego termino meditando y acordándome de lo dicho por el Maestro de maestros… “sólo sé que no sé nada”… pero añadiendo de mi caletre… “yo me conformo totalmente con ese poco de saber que no sé nada… pero algo es algo”. Mañana espero aprender otra lección… mientras me acuerdo de la brutal y derrochadora sociedad de consumo que hemos creado… ¿“que dirían mis vecinas las hormigas si supieran de ello”?

victor lopez Sobre mí Esta noticia ha sido creada el 2 noviembre 2007 a las 17:38 en InicioActualidadLa avispa y las hormigas y si quieres puedes comentarla.
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